Negación

IV

La cena en familia ha tocado a su fin y Naoko ayuda a su madre a recoger la mesa. Los gritos de un presentador televisivo japonés llegan hasta la cocina, desde el salón donde su padre observa con un gesto de reprobación lo que sucede en la pantalla del televisor. En la cocina Naoko y su madre mantienen la siguiente conversación, procurando hablar lo más bajo posible:

-¿Cómo se encuentra ahora?
-Está perdiendo la poca memoria que le queda por momentos. Pero se niega a reconocerlo.
-Me preocupan sus silencios.
-¿Sus silencios?
-Sus silencios. Durante la cena no ha dicho una sola palabra que no hayas intentado sacarle tú. Ni siquiera se ha interesado por como me iban las cosas en Toronto. Tampoco vino a recogerme contigo al aeropuerto. No comprendo nada.
-Tu padre nunca más volverá a ser el mismo, Naoko. Es hora de que vayamos aceptándolo. Su enfermedad es degenerativa e irá a más, es posible que dentro de unos meses comience a olvidar caras familiares, todavía es pronto para saber exactamente cuando, pero ocurrirá.

Naoko enmudeció. Miró a su madre con una expresión de absoluta indiferencia. Entonces le dio la espalda, se dirigió a la puerta de entrada, y alcanzando su abrigo del perchero salió a la calle con el quinto cigarrillo del día colgando entre sus labios.

Toronto-Tokio

III

Son las 4:10 de la madrugada en Toronto. El avión con destino a Tokio sale a las 7:00 de la mañana. Naoko no puede dormir. Fuma un cigarrillo mientras calienta algo de café. Su gato Yu aparece silenciosamente en la cocina.

A las 5:17 dos maletas se apilan junto a la puerta de entrada. En una de las habitaciones de la segunda planta, la luz de una lámpara encendida proyecta una silueta femenina en la pared.
Naoko se peina, se pone guapa. Se mira por última vez en el espejo comprobando el recogido de su pelo, mientras abrocha el último botón de su camisa blanca. Normalmente Naoko viste informal, de forma despreocupada. Pero esta vez debe esforzarse en dar la mejor impresión a sus padres, que la esperarán en el aeropuerto Internacional de Tokio.

*
Durante el viaje hicieron escala en San Franciso. Un total de unas ocho horas de vuelo aproximadamente. Naoko realiza entonces la engorrosa tarea de recuperar sus maletas y, cuando lo cosigue, se sienta en un banco paseando la mirada por todo el aeropuerto en busca de rostros familiares.

El sueño de Naoko

II

Naoko Dazai pasó su vida en Tokio durante 17 años. A esa edad en la que ninguna chica está segura de cuál es su lugar en el mundo, Naoko sabía que viviría en Canadá.
Soñaba con ese país desde que vió un documental sobre el territorio del Yukón y comenzó a leer las aventuras de Jack London de una forma que rozaba lo obsesivo. Por su duodécimo cumpleaños Naoko tuvo la oportunidad de visitar Canadá por primera vez con su padre.

Ella deseaba ir a al territorio del Yukón, pero finalmente pasaron cinco días en Nunavut, acampando muy cerca de Baker Lake, en cuyas aguas se bañaban cada día padre e hija mientras disfrutaban del fondo musical que ofrecía la fauna del lugar. La naturaleza en su estado más puro. Eso era lo que interesaba a Naoko, que no parecía decepcionada ya que de todas formas había conseguido realizar su sueño: viajar a las tierras vírgenes del Gran Norte canadiense.

La historia de Naoko Dazai

I

Naoko Dazai vuelve a estar sola. Pasea por la habitación, enciende un cigarrillo. Se muerde el labio inferior e indecisa descuelga el teléfono. Vuelve a colgarlo. Cuesta tener que acostumbrarse de nuevo al clima de Toronto.

Tras varios meses de desconocimiento, Naoko se da cuenta de que algo ha muerto finalmente en su interior. Aquel viaje fue la señal que esperaba, sin saberlo, su cansado corazón.
Habían pasado ya cuatro días desde su llegada de Tokio, lugar en el que se alojaba su familia.
Donde tan solo seis años antes había vivido siempre.



© Fotografía: ~Nobuyoshi Araki
© Texto: ~Molly Blues